Una obra literaria no es mejor o peor por haber recibido un premio o por no recibirlo. Pero los premios tienen algunas ventajas, y yo invito a chicos y chicas que empiezan a escribir a presentarse a premios, que hay muchos para jóvenes.

En 1996 yo había escrito algunos cuentos. No conocía a nadie que se relacionase con la literatura y sabía que un cuento, y ni siquiera media docena de ellos, no interesaría a ningún editor. Así que comencé a enviar cuentos a algunos concursos.

Para mi sorpresa…

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1996. Premio Juan Rulfo-Unión Latina, concedido en París por Radio France Internacional.

Me premiaron “Requiem Alemán”, una versión de lo que sería otro con un título parecido que escribí más adelante. Concurrieron 6031 cuentos procedentes de casi treinta países. En el jurado estaban Caballero Bonald, Jorge Edwards, Augusto Monterroso, Julio Ortega… entre otros. Me llamaron de París una noche… Fueron 10000 FF, pero los cuentos premiados no llegaron a publicarse.

1997. Accésit en el Premio de Cuentos Alfonso Sancho Sáez, en Jaén

Fue por otro cuento, que editaron en un libro colectivo (¡fue la primera publicación literaria en que vi mi nombre!). En la entrega de premios conocí a un amigo con quien he mantenido correspondencia durante años, Eduardo García Pérez.

1997. Premio Ignacio Aldecoa de cuento, en Vitoria

Envié Los poemas de la arena, ¡y ganó! Lo editaron en un precioso libro que atesoro. La primera vez que vi mi nombre en una cubierta. Durante la cena (memorable, por muchas razones), el jurado bromeó conmigo diciéndome que por qué no me presentaba al año siguiente, dado que los bases no lo impedían. Yo estaba entusiasmado, pensando que ese cuento me abría las puertas de la Literatura. ¡Qué equivocado estaba!

1998. Premio Ignacio Aldecoa de cuento, en Vitoria

Fue por el relato Algo es algo, que también publicó la Diputación Foral de Álava. Debo aclarar que el jurado fue totalmente distinto del que integró la edición anterior. Creo que soy el único escritor que lo ha ganado dos veces. Además de ganarlo, me dio la satisfacción de que publicaran una larga entrevista en el periódico El Mundo, la primera vez que me veía con tanto espacio en un diario. La reproduzco porque, sin saberlo, estaba poniendo las bases de lo que iba a ser mi trayectoria literaria, incluso en la LIJ:

1998. Premio Ciudad de Mula, en Murcia

Lo gané con un cuento titulado Mujer mirando al mar. Acudí al Ayuntamiento a recogerlo. Hube de leerlo entero ante un auditorio concurrido y un par de personas mayores abandonaron la sala a mitad de lectura. Creo que les pareció demasiado acusador. Años después, el cuento fue publicado por la Cátedra de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Murcia, con el título “Palimpsestos”. También lo editó el Ayuntamiento de Mula, en una recopilación de cuentos del período 1998-2002.

1998. Finalista en el premio Adriano de Novela Histórica, convocado por Ediciones Apóstrofe

¡Me entusiasmé cuando me ofrecieron la publicación del libro! Era mi primer libro… Luego de un año de demoras, el proyecto de edición fracasó. Comencé a darme cuenta de que el “recorrido literario” era más duro de lo que había supuesto. Pero la novela dio sus frutos. Aparte de guardarla todavía, para mejor ocasión, dio lugar a una secuela, una historia paralela que se publicó posteriormente.

1999. Finalista del NH de relatos, en Madrid

Acudí a una noche de entrega de premios llena de ‘personalidades’ literarias. Mi cuento Viaje al Azul fue publicado en el volumen 11 de la colección “Noche de cuentos”, que regala la cadena NH. Curiosamente, varios años después me obsequiaron en algún hotel con “mi” libro (que era colectivo, naturalmente).

1999. Premio Nacional de Poesía Pedro Iglesias Caballero, en Cabra, Córdoba

Había hecho incursiones en la poesía. Tenía un libro de poemas, y envié uno de ellos a Cabra. ¡Me lo premiaron! Se titulaba Hace tiempo…. Lo tuve que leer, nervioso, ante un nutrido auditorio. Mis anfitriones fueron espléndidos en todos los sentidos.

1999. Finalista en el Premio Jaén de Literatura Juvenil, convocado por Alfaguara

Fue con Bruno y la casa del espejo, que había escrito poco antes. Aunque no ganó, el jurado recomendó su publicación y el libro salió el año siguiente. ¡Mi primer libro infantil-juvenil! Al año siguiente me invitaron a que fuese jurado del premio. En un memorable viaje en tren conocí a Gonzalo Moure. Poco más tarde, en las deliberaciones, a Manuel L. Alonso. Dos amigos que están al lado.

1999. Premio Felipe Trigo de Novela, en Villanueva de la Serena, Badajoz

El cuento Los poemas de la arena se me había quedado “pequeño”, así que con el tiempo le di cuerpo de novela. La presenté y una noche, mucho después, cuando ya me había olvidado del certamen pensando que se habría fallado meses antes, me llamaron. Fue divertido, porque el jurado pensó que el autor era iraquí. Tuve ocasión al año siguiente de participar como miembro del jurado en una deliberaciones que me enseñaron que, al menos a veces, no hay trampas en los premios. La presidenta del jurado fue Dulce Chacón, a quien traté un tiempo y que me pareció encantadora. A través de ese premio conocí a otro escritor también amigo, Alfonso Ruiz de Aguirre.

1999. Mención honorífica en el Certamen de cuentos Alfonso Sancho Sáez, de Jaén

Tenía la espinita de primer cuento presentado al mismo certamen, que quedó finalista. Por El legado me dieron una mención, que llevaba aparejada la publicación. Era un paso más…


Corto, de momento, aquí. De alguna manera, creo que lo anterior corresponde a una “etapa previa”. El año 2000 decidí dedicarme a escribir, para lo que solicité una jornada reducida. Sin embargo, hasta el 2004 todavía simultaneé la escritura con la docencia.

Pero esto sigue…

2000. 2º Premio de Poesía Ciudad de Archidona

Ya he dicho que tenía escrito un libro de poemas. Envié uno, que recibió un 2º premio. La anécdota de la entrega del premio es que había que leerlo en la plaza del pueblo, durante las fiestas… ¡Y se trataba de un poema explícitamente erótico! Allí, rodeado de niños y de personas mayores, leí mi poema, saltándome alguna línea… Al bajar del escenario, algunas mujeres mayores me saludaron con una sonrisa pícara que no olvidaré.

2000. Premio de Poesía Cafetín Croché, en El Escorial

Uno de los que más satisfacciones me han dado, por la oportunidad de conocer a los organizadores y a otros miembros del jurado. Fue, curiosamente, cerca de donde vivo, y en un lugar al que había ido y al que he vuelto varias veces. Me premiaron Los nombres de las cosas, un poema que sigue encantándome, y que luego se publicó con motivo del vigésimo aniversario de los premios.

2001. Premio Hucha de Plata, de FUNCAS-Hucha de Oro, en Madrid”

Lo curioso es que me llamaron dos días antes avisándome de que era finalista. La mañana del fallo, yo realizaba un encuentro con lectores y pensé si ir o no. Pero acabé temprano y me pasé para ver el ambiente. Resultó que me dieron el 2º premio y la nada despreciable cantidad de 12000 euros. ¡Fueron las seis páginas más rentables de toda mi vida! Y además el cuento lo editaron en un libro precioso titulado “La locura del pañolero y otros cuentos”, editado por Funcas.

2001. Premio de cuentos La Felguera, en Asturias

El premio fue para Ein Deutsches Requiem una variante del Réquiem Alemán que no conseguí publicar. Los organizadores (¡encantadores, toda una experiencia conocerles…!) por fin lo editaron en una edición muy modesta. Con motivo de aquel premio me hicieron una entrevista que, como en el caso del Aldecoa, reflexionaba sobre lo que más adelante sería mi literatura.

2001. Premio Gabriel Miró de cuentos, en Alicante”

Por esas fechas, yo estaba exultante. Era el tercer premio ‘de categoría’ en pocos meses. Viajé a Alicante a recogerlo. La noticia salió en los periódicos y hubo entrevistas, pero fue la rueda de prensa más desastrosa que recuerdo nunca. Supongo que porque era verano, la docena de periodistas que había por allí no hizo una sola pregunta. Se salvó un avispado, buen profesional, que luego me persiguió e hizo una foto ante la estatua de Gabriel Miró y una larga entrevista. Premiaron El hombre que nunca leyó Moby Dick, un cuento que me encanta. Poco después, la Diputación de Alicante hizo una sencilla edición del cuento que fue repartida entre miles de escolares de la provincia. ¡Un premio literario ´de adultos’ se transformaba así en una lectura juvenil! ¡Me encantó!


2003. Premio Alandar de Literatura Juvenil, de Edelvives

A pesar de los premios de literatura ‘adulta’, ya había decidido empeñarme en la LIJ. Por esas fechas, ya había publicado algunos libros en Alfaguara, SM y Edelvives. De alguna manera, este Alandar, por El cazador de estrellas fue la confirmación de que había elegido un camino que me iba a llenar de satisfacciones. El premio me decidió a dedicarme exclusivamente a la Literatura y trajo todo lo que vino después: nuevas publicaciones, traducciones, profundizar en encuentros, conferencias, trato con colegas…


2006. Premio Barco de Vapor, de SM

¡Qué decir! Ojo de Nube es una de mis obras preferidas, sin preterir otros ‘hijos literarios’. Confieso que me había presentado a este premio y al Gran Angular en dos ocasiones anteriores, y que había quedado finalista en todas ellas, lo que había aparejado la publicación de otros tantos libros. El “a la tercera va la vencida” se cumplió en este caso.Ya por aquel entonces me dedicaba con pasión a escribir.


2006. Premio Cervantes Chico por el conjunto de mi obra Infantil y Juvenil

Hay ocasiones en las que se alían la oportunidad y la fortuna. El jurado me honró con este premio y lo acepte con miedo, a sabiendas (¡no es falsa modestia!) de que había colegas con más méritos que los míos. Lo consideré como un anticipo. Por estas fechas ya había publicado una docena de libros de Literatura Infantil y Juvenil y mi intención es seguir haciéndolo lo mejor que puedo, lo mejor que sé… Las personas que integran la organización y el jurado se merecen una entrada aparte por su empeño, sus atenciones y su deseo de dignificar la LIJ. ¡Mi agradecimiento por todo ello!


2010. Premio GRAN ANGULAR de SM

Me lo dieron “ayer”, casi literalmente, por una novela querida por muchos motivos: “Mujer mirando al mar”. Alguien me dijo que notó mis nervios cuando salí al escenario, pero no, no eran nervios. Era emoción al pensar que Elena, la protagonista de mi historia, me hubiera llevado a conseguir un premio de tanto prestigio como este.

Llegado el momento, hablaré del libro y de su curioso origen. Se trata de lo que considero un ejercicio de riesgo: la mezcla de narrativa y de poesía. Entretanto, doy un vínculo externo que da cuenta de aquel momento:

noticia sobre el premio

Puesto que la noticia es muy reciente, quiero agradecer todas las muestras de cariño y las felicitaciones que ha recibido. A todos y a todas, gracias. ¡Sigo emocionado!


2013. Premio ALANDAR de Edelvives

Bien, lo gané de nuevo; había pasado mucho tiempo desde la primera vez, nada menos que diez años. Algunos amigos me felicitan y se “quejan” de que me los llevo todos, pero no, como puede comprobarse. No es mal ritmo, uno cada tres años, pero ni mucho menos me dedico a la caza de premios.

La comunicación tuvo su anécdota. Me llamaron cuando estaba en el cine, aún con las luces encendidas. A los dos segundos de contestar, las luces se apagaron y la conversación duró los veinte segundos que te permiten los créditos, antes de que te arrojen las palomitas por la cabeza. Recordaré siempre la película; en los subtítulos se sobreimprimió la noticia, y quería saber más… Tuve que aplazar mi curiosidad.

Escribo sin apenas reseñas. Esto es lo que dice Edelvives en su nota de prensa:

“Juegos inocentes juegos” tiene como protagonista a Sebastian, un chico de dieciséis años que vive con su madre en un modesto barrio de Madrid y es un crack de la informática. Según explica el autor, «el dinero que gana probando prototipos, especialmente de videojuegos con drones o aviones de vuelo autónomo, completa la magra economía familiar. En ocasiones, los combates y escenarios son tan reales que comienza a sentir escrúpulos. ¿Es legítimo, como se pregunta su madre, matar, aunque sea en un juego de ordenador? En un mundo tan interconectado y tecnológico como en el que vivimos, la ficción se parece demasiado a la realidad. ¿Hasta dónde podemos distinguir una y otra?». Una obra que difícilmente dejará indiferente al lector.

Y esto es lo que añaden tras algunas preguntas rápidas:

Aunque conocía bien lo que supone ganar este galardón, Ricardo Gómez no pierde de vista que «como he reconocido en otras ocasiones, cualquier premio supone una satisfacción y una responsabilidad». Y en este sentido abunda: «Este reconocimiento confirma el tipo de literatura que quiero hacer, aunque soy consciente de la dificultad que supone haber subido un poco más el listón de mi autoexigencia».

Gracias a todas las personas que durante estos días me han felicitado y siguen haciéndolo. Este es un premio de todos. De toda la LIJ.


He dejado aparte otras menciones y designaciones a finalistas que en su momento supusieron pequeñas esperanzas y me afirmaron en mi trabajo. La conclusión de todo esto es que no hay sendas cortas… en ningún aspecto de la vida. A mí siempre me han gustado, la verdad, las carreras de fondo.