Paratextos

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”...Cerró la puerta y se adentró en la semioscuridad diciendo hola en voz alta. No había nadie. Se detuvo frente al remate historiado del pasamanos y dirigió la vista hacia lo alto de una escalera fría y oscura. Aguzó la oreja. Un gangueo. Alguien escupió. Volvió por el pasillo y abrió la puerta. A una sala de estar llena de piltrafas humanas. Parecía la incubación de un levantamiento geriátrico, aquella congregación de damnificados en sillas maltrechas alrededor de una estufa de hierro barnizado, viejos de aspecto anónimo arrimados al calor de una sala desnuda, cabeceando y murmurando y gargajeando salivazos mezclados con polvo y sangre que al chocar con el hierro candente chisporrotaban y despedían un color nauseabundo….”

Cormac McCarthy: “Sutree”

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“El arte es siempre el arte del detalle. Bach no solo es el todo que te conmueve y te llega hasta la médula, sino también la estructura minuciosa de los minúsculos elementos que componen una fuga…”

Sándor Márai: “La hermana”

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“La tierra bajo sus botas era como un viejo colchón chirriante y elástico: encima una capa de hojas ligeras, frágiles, diferentes entre sí también en la muerte; y, debajo, otra de hojas disecadas, viejas, de hace años, que se habían macerado y que constituían una unica masa marrón: polvo de la vida que un día había brotado en capullos, susurrado en el viento de una tormenta, brillado al sol después de una lluvia.”

Vasili Grossman: “Vida y destino”

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“Las bibliotecas de los críticos suelen ser estupendas, primero por la inmensa cantidad de libros (no los compran, se los mandan de regalo las editoriales, con dedicatorias lambonas de los autores, que intentan pagar con halagos y por anticipado una reseña favorable), y segundo porque la mayoría de ellos permanecen intonsos, como nuevos, no teniendo el crítico de tiempo ni ganas de leer los libros que reseña. En Angosta se sabía que el lema de Afamador era el siguiente: Reseño los libros antes de leerlos; así, cuando los leo, ya sé qué pensar de ellos.

Héctor Abad Faciolince: “Angosta”

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“Camino por el sendero ancho hacia la orilla del lago. El horizonte, que ya está gris, se funde con el agua gris del lago. A mi espalda se pone el sol entre rayos dorados y rojizos. Desde las acequias llega el primer canto del grillo. Es un mundo que conozco y quiero y no deseo dejar. Desde mi juventud he recorrido este sendero de noche sin sufrir daño alguno. ¿Cómo voy a creer que la noche esté llena de la huidizas sombras de los bárbaros? Si hubiera extraños por aquí, lo presentiría. Los bárbaros se han replegado con sus rebaños hacia los valles más profundos de las montañas, a esperar que los soldados se cansen y se vayan. Cuando eso ocurra, los bárbaros volverán a salir. Apacentarán sus ovejas y nos dejarán tranquilos, nosotros sembraremos nuestros campos y los dejaremos tranquilos, y en pocos años la frontera recobrará la paz.”
J.M. Coetzee: “Esperando a los bárbaros”

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Seleccionados por PALMA APARICIO:

“Entre tanto el tiempo corría, su latido silencioso mide cada vez más precipitado la vida, no podemos parar ni un instante, ni siquiera para una ojeada hacia atrás. “¡Párate! ¡Párate!”, quisiéramos gritar, pero comprendemos que es inútil. Todo huye, los hombres, las estaciones, las nubes; y de nada sirve agarrarse a las piedras, resistir en lo alto de un escollo; los dedos cansados se abren, los brazos se aflojan inertes, nos arrastra de nuevo el río, que parece lento pero jamás se para.”

Dino Buzzati: “El desierto de los tártaros”

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“Qué extraños eran los entresijos de la memoria de la gente del pueblo: las cosas que se esforzaban por recordar huían a veces y se ocultaban bajo el manto del olvido.Y precisamente lo que decidían que había que olvidar flotaba desde el fondo del olvido como si pretendiera angustiarlos. A veces recordaban con todo lujo de detalles lo que casi no había existido. O se acordaban de lo que ya no existía, reviviéndolo con dolor y añoranza, pero por vergüenza o pesar decidían que solo había sido un sueño. Nada más que un momentáneo exceso de la imaginación.”

Amos Oz: “De repente en lo profundo del bosque”

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Seleccionados por LETICIA SECALL:

“Ante las agresiones del mundo, el cuerpo se protege. Un bacilo activa sus defensas; un chaparrón eriza el vello en brazos, nuca y piernas; un alimento envenenado afloja los esfínteres. Pero ¿y el horror? ¿Cómo reacciona el cuerpo de un hombre ante la presencia del horror? Grita, sí. Y hace que el corazón bombee más sangre, sí. O, por el contrario, paraliza sus músculos para no ser agredido. El espectro de respuestas que el horror genera en el cuerpo es amplísimo. El cuerpo sorprende entonces por su plasticidad. Hay cuerpos que se atenazan y cuerpos que se liberan; hay cuerpos que se arrastran y cuerpos que se elevan; hay cuerpos que interrogan y cuerpos que responden. ¿Pero puede un cuerpo dimitir de la realidad? ¿Puede un cuerpo, ante la agresión del mundo, ante la fealdad del mundo, sustraerse a sus funciones, negarse a seguir siendo cuerpo, suspender sus razones, abdicar de ser lo que es; esto es, abdicar de ser sensible? ¿Puede un cuerpo decir: “Basta, no quiero ir más allá, esto es demasiado para mí”? ¿Puede un cuerpo olvidarse de sí mismo?

El 2 de enero de 1941, en la aldea de Mieux, en la Bretaña francesa, no muy lejos del mar, a la vista de noventa y un civiles ardiendo en el holocausto de una iglesia de piedra, un cuerpo respondió a todas esas preguntas con un rotundo “sí”.

Aquel día, un hombre llamado Kart Crüwell perdió la sensibilidad.”

Ricardo Menéndez Salmón: “La ofensa”

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“Pérdidas.

El pasado es una colección de silencios, pero hay partículas calladas, irrecuperables provincias de mutismo, albas y crepúsculos que quedaron ocultos, más allá de ese horizonte tan poco hospitalario; tallos que nunca más se expandirán en rosas, oscuras golondrinas que se aclararán en un que otro vuelo.

Lo perdido tuvo color pero ahora es incoloro. Los latidos del gastado corazón invaden nuestra noche, pero el insomnio actual tiene otra partitura. Lo perdido es también un par o dos de labios que probaron el sabor de los míos, y que ahora tan solo puedo besar en mi memoria.

Lo perdido es la luna redonda que yo hacía ovalada en mi retina y el firmamento con estrellas que ahora es apenas cielo raso azul.

Todo se va borrando, todo pasa a ser sombra y vacío. Y el obligado acabóse no nos ayuda a hallarlo.”

Mario Benedetti: “Vivir adrede”

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